La primera sesión es, para muchas personas, lo más difícil de todo el proceso. No por lo que pasa en ella, sino por lo que imaginan que va a pasar: que les van a “analizar”, que tendrán que contar toda su vida de golpe, que van a salir con un diagnóstico. Nada de eso. Vamos a quitarle el misterio, paso a paso.
Antes de la sesión
No tienes que preparar nada. No hace falta que traigas una lista de problemas ni que sepas explicar exactamente qué te pasa. “No sé por dónde empezar” es una forma perfectamente válida de empezar, y de hecho es la más habitual.
Si es online, solo necesitas un lugar tranquilo donde puedas hablar sin que te escuchen y una conexión estable. Unos auriculares ayudan a que te sientas más en privado. Si es presencial en Madrid, te habré dado la dirección al confirmar la cita; llega con calma, no pasa nada por venir unos minutos antes.
Los primeros minutos
Empezaré por explicarte cómo funciona la terapia, qué significa la confidencialidad (y sus excepciones legales) y resolveré cualquier duda que tengas. Es también tu momento para preguntar lo que quieras: mi formación, mi enfoque, cómo trabajo, qué pasa si no conectamos. Ninguna pregunta está de más.
La parte central: entender qué te pasa
La mayor parte de la primera sesión se dedica a escucharte. Te haré preguntas sobre:
- Qué te trae a consulta y desde cuándo.
- Cómo te afecta en el día a día: trabajo o estudios, relaciones, sueño, ánimo.
- Qué has intentado hasta ahora y qué ha funcionado, aunque sea un poco.
- Tu contexto: familia, trabajo, apoyos, historia previa si es relevante.
- Qué esperas conseguir con la terapia, aunque sea algo vago como “estar mejor”.
No hay respuestas correctas. Y puedes no responder a lo que no quieras: el ritmo lo marcas tú. Lo que hago en esta fase es empezar a construir lo que llamamos un análisis funcional: entender no solo qué te pasa, sino por qué te pasa a ti, qué lo dispara y qué lo mantiene.
¿Es normal llorar?
Sí. Es muy habitual, y no pasa nada. Hablar de lo que duele en un espacio donde por fin te escuchan sin juzgarte suele remover. Nadie te va a mirar raro, y tampoco pasa nada si no lloras: cada persona llega como puede.
¿Y si es para un niño o un adolescente?
Con menores, la primera sesión suele ser con los padres, para entender bien qué está pasando, desde cuándo y qué habéis probado. Después conozco al niño o adolescente en un espacio adaptado a su edad, sin prisas. Con adolescentes, además, dejo claro desde el principio que tienen su propio espacio confidencial: lo que se comparte con la familia se habla antes con ellos.
El cierre
Al final de la sesión te daré una primera impresión: cómo entiendo lo que te pasa, qué enfoque propongo y una idea aproximada de la duración. A partir de ahí, tú decides si quieres continuar. No hay ningún compromiso, ni bonos, ni permanencia.
Después
Es normal salir removido, o al contrario, aliviado. Las dos cosas son buena señal. Muchas personas notan ya después de la primera sesión que “poner palabras” a lo que les pasa les ha ordenado un poco la cabeza. También es normal que en los días siguientes aparezcan cosas nuevas que quieras contar: apúntalas si te ayuda, y las vemos en la siguiente.
Una nota sobre la llamada de orientación gratuita
Antes de la primera sesión completa, ofrezco una llamada de orientación gratuita de 15 minutos. No es una sesión de terapia: es una conversación breve por teléfono para conocernos, contarte cómo trabajo y que decidas con información. Muchas personas dicen que solo con eso ya se les quita buena parte del miedo.
El primer paso no es empezar la terapia. Es escribir para preguntar. Y ese ya lo puedes dar hoy.
Nota: este artículo tiene fines informativos y no sustituye la valoración de un profesional. Si estás pasando un mal momento, escríbeme.
